sábado, 9 de octubre de 2010

El terrorífico restaurante de unos ganadores de Eurovisión


Ganar Eurovisión es garantía de salto a la fama. Cuando encima tu triunfo conmociona a toda Europa por las pintas con las que te presentas al concurso y arrasas ante la sorpresa generalizada te conviertes en un referente para tus paisanos y ya puedes hacer casi cualquier cosa. Es lo que le sucedió a la banda finlandesa de heavy metal Lordi, cuyo aclamado triunfo en el festival de 2006 les permitió licencias como la de abrir un restaurante temático en su localidad natal de Rovaniemi, digno de ver, pero con escaso talento culinario. Esta sorprendente localidad es la ciudad más destacada de la Laponia finesa y presume de ser el hogar de Santa Claus, además de estar en la línea del Círculo Polar Ártico, por lo que atrae un sinfín de visitas que la han convertido en una villa difícil de clasificar. Y el remate ha llegado con la apertura de este cafe-restaurante, una suerte de Hard Rock Café en honor de la banda y del terror en general.



Sólo su ubicación en un mall ya llama la atención por la pérdida de glamour. Nos costó encontrarlo porque por nada del mundo imaginábamos que un lugar así podía estar situado en un centro comercial como el de La Vaguada. Una vez localizado nos llamó la atención la recargada decoración satánico-terrorífica con continuas referencias al grupo, lógicamente. Figuras, caretas, tronos... la ambientación estaba muy lograda.


Lástima que lo que no acompañara fuera la comida. Una barra más propia de un burger con su cartel luminoso indicaba una serie de platos grasientos y poco apetecibles que iban desde las originales hamburguesas a las no menos sorprendentes patatas fritas. En fin, decidimos que era mejor apostar por el reportaje fotográfico que por la adquisición de unos gramos más de grasa y nos saltamos esa parte del recorrido.


En el álbum de fotos podréis haceros una idea del lugar, que se puede visitar si andais alguna vez por estas tierras de Santa Claus.

El terrorífico restaurante de unos ganadores de Eurovisión

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Copas en Estocolmo a 5 grados bajo cero

 

Aunque ya están extendidos por el mundo y hasta en Madrid y Barcelona han abierto uno, la visita al bar de hielo de Estocolmo se nos antojaba una buena manera de concluir nuestras vacaciones de 2010 por Escandinavia. Ya habíamos hecho un primer intento en Helsinki, donde también existe el correspondiente reclamo helado para turistas, pero nos resultó bastante cutre la entrada, al lado de una especie de discoteca de salsa (sí, en pleno corazón finés, salsa y cervezas a mitad de precio en la hora feliz) con dos gorilas en la puerta que no invitaban a acceder. Así que nos reservamos para la capital sueca. Nada que ver. Situado en los bajos del Nordic Sea Hotel, la llegada era más placentera y animaba a gastarse los 18 euros, con un chupito de Absolut Vodka (por algo da nombre al bar), o los 15 del chupito de zumo sin alcohol para los abstemios. Un amplio ventanal congelado deja intuir la estancia helada desde el vestíbulo del hotel y una pequeña tienda de merchandaising se encuentra pasado el acceso principal (ver localización en Google Maps).

 

Una vez cumplido el trámite monetario pasas a una sala en la que se encuentran una especie de abrigos estilo marinero para colocarte encima y soportar los 45 minutos máximos de permanencia en el local (por aquello de las congelaciones y demás), así como unos guantes, que al principio, con tanta foto, no te pones, pero a los que acabas dando las gracias cuando el ímpetu inicial se ha refrenado.



La estancia no es muy grande y se accede según van saliendo otros clientes para mantener un número fijo de personas, no superior a los 20 más o menos. Todo es de hielo. Una curiosa barra a la derecha, los vasos de chupitos, las mesas, los asientos... Tan sólo el camarero es de carne y hueso, aunque a veces parezca que se va a quedar pasmado. Poco más se puede hacer que escuchar música para mover el esqueleto y combatir el frío, beberte el chupito y sacar cientos de fotos. No es el típico bar en el que iniciar una noche de viernes con tapitas y todo eso, no, ése no es el plan.


En resumen una experiencia curiosa con la que tener unas cuantas fotos llamativas que mostrar a los amigos. Para repetir, lo que se dice repetir, más bien no.


Ahí os dejamos un álbum de fotos del local:
Tomando copas a 5 grados bajo cero en Estocolmo

viernes, 17 de septiembre de 2010

Durmiendo en un cárcel de Helsinki

Después de unos meses de holgazanería en los que hemos aprovechado para recopilar materiales para próximos posts, retomamos el trabajo de tecla para contaros nuestra experiencia en una cárcel de Helsinki. Dicho así le da un toque novelesco al estilo 'Bangkok Hilton', pero nada más lejos de la realidad. Aquí duermes plácidamente sin temer por tu vida gracias al magnífico trabajo de rehabilitación que la cadena Best Western (no nos pagan comisión) ha hecho con una antigua cárcel situada en una zona próxima al puerto de la capital finesa, Katajanokka.



Al hotel-cárcel no le falta ni un solo detalle. Para empezar los empleados lucen trajes a rayas horizontales blancas y negras con su correspondiente gorra de preso blanquinegra. Están tan logrados que sólo les falta la bola atada al pie. Nada más superar el muro exterior, habitual en las prisiones, se abre un patio que rodea el edificio, que, como os imaginaréis, es sobrio y austero. Vamos una prisión en toda regla.



Dentro se mantienen los corredores originales y, aunque hay ascensores para facilitar el acceso con maletas, las escaleras típicas de cualquier cárcel conectan un piso con otro. Por supuesto el acceso a las celdas-habitaciones se realiza a través de unas puertas similares a las de las prisiones. Los cuartos disponen de todos los lujos propios de un hotel de 4 estrellas, aunque hay curiosidades que recuerdan a su antiguo uso, como las ventanas a una altura a la que ni Pau Gasol podría llegar.



El desayuno también se sirve en un sótano donde probablemente se encontrarían los antiguos comedores para los reclusos. Además te puedes llevar recuerdos muy carcelarios, ya que en el vestíbulo cuentan con una pequeña tienda en la que se exhiben desde loros con traje de rayas a esposas pasando por camisetas de preso y un buen número de souvenirs, completando así un ambiente muy divertido en el que pasar unas noches en Helsinki. Y encima a un precio muy recomendable, algo extraño por estos lares.


Ahí os dejamos un álbum más completo por si os animáis algún día:

Durmiendo en una cárcel de Helsinki

domingo, 9 de mayo de 2010

Speicherstadt, los almacenes de la cultura


Centrándonos en aspectos más urbanísticos, en Hamburgo existe una zona llamada Speicherstadt que marca el paso arquitectónico de la ciudad en los últimos tiempos. Como en muchas otras ciudades del mundo se trata de una zona de antiguos almacenes y fábricas que se ha reconvertido en un núcleo cultural con la presencia de hasta ocho museos y numerosos edificios dedicados a empresas, lo que la ha situado como una de las zonas más atractivas de visitar. Su situación al borde del archipiélago del Elba completa un lugar realmente interesante de visitar (plano de localización).
 

Entre los numerosos almacenes reconvertidos en museos de este grupo arquitectónico que es el mayor de este tipo en todo el mundo existe uno muy recomendable y curioso por si alguien tiene tiempo antes de la finalísima. Se trata del  Dialog im Dunkeln (Diálogo en la Oscuridad), en el que un guía ciego te acompaña por recreaciones de la jungla, la ciudad y el campo con el objetivo de saber lo que es vivir privado de la vista. En el resto de museos se puede observar un trozo del muro de Berlín en el exterior de Deutsches Zollmuseum o Museo Aduanero Alemán, la popular Mazmorra de Hamburgo o el curioso Museo de Especias y Hierbas.


Pero sinceramente, más que entrar en museos que no figuran entre los más destacados del mundo del arte y teniendo en cuenta la premura de la visita, lo más aconsejable es dar una vuelta por el lugar y observar cómo una zona de almacenes y fábricas se puede convertir en santo y seña de la modernidad para una importante ciudad.


Y seguramente no podréis por coincidir con la final, pero la iluminación nocturna convierte la zona en un lugar espectacular.


Ahí os dejamos un álbum del lugar:
Speicherstadt, los almacenes de la cultura

sábado, 8 de mayo de 2010

Sankt Pauli, el barrio rojo de Hamburgo


Aunque el barrio rojo de Amsterdam se lleve la fama, Sankt Pauli acoge uno de los lugares de perdición y ocio adulto más importantes de Europa. Curiosamente en este barrio portuario de Hamburgo comenzó a consolidarse la carrera de los mismísimos Beatles, circunstancia que no pasaréis por alto si lo visitais porque hay continuas referencias al cuarteto de Liverpool. Cuenta con una larga calle principal, la Reeperbahn, donde se amontonan locales de copas y desenfreno, sex shops, teatros calentitos y todo tipo de lugares subidos de tono. Si echas un vistazo a los escaparates de las tiendas, las risas están garantizadas con los numerosos y variados artilugios relacionados con el sexo (localización en Google Maps).


Llama la atención que en mitad del barrio se alza un enorme edificio de la Polizei, señal de que hace tiempo fue necesaria su presencia intimidatoria para frenar los impulsos de más de uno al que las copas y el calentón le hacían perder la cabeza.


Pero cualquiera que haya estado en Amsterdam sabe que la fama de su barrio rojo son los famosos escaparates donde se exhiben las mujeres que ejercen la prostitución, legal y controlada por el ayuntamiento con sus controles médicos obligatorios y sus alquileres. Pues esos escaparates también existen en Sankt Pauli. A diferencia de la ciudad holandesa, en este barrio de Hamburgo se esconden tras una especie de burladero donde advierten de la prohibición de entrar a menores de 18 años y a mujeres.

Una vez que superas esa barrera de entrada (perdón por la calidad de la foto, pero entre los nervios y que era de noche...) te encuentras con un enorme patio al que dan casas de dos plantas en cuyas escaleras y ventanas se exhiben las profesionales del sexo.



Pero bueno se supone que habéis viajado para ver la final del Atleti, así que volveremos a la calle principal, donde decenas de bares ofrecen litros de cerveza para combatir el frío habitual, aunque en estas fechas me imagino que ya se podrá disfrutar de las terrazas o simplemente tomarse algo a las puertas de los locales. Y cuidado con los ingleses que ya se sabe que con dos copas encima se les va la cabeza y esta zona es muy propicia para ello.


Ahí os dejamos un álbum de fotos del barrio:
Sankt Pauli, el barrio rojo de Hamburgo

viernes, 7 de mayo de 2010

El reino de la patata de Hamburgo

Aprovechando la finalísima que el Atlético de Madrid disputará en Hamburgo, vamos a recordar nuestra visita en 2006 a la acogedora ciudad alemana en diferentes posts que tal vez sirvan a los expedicionarios rojiblancos. En el primero os vamos a recomendar un curioso restaurante donde comer el día del partido ante los ingleses del Fulham.

Se trata de un restaurante llamado Kartoffel Keller, algo así como la Bodega de las Patatas, ya que se encuentra bajando unas escaleras en un cuco sótano. Está situado en la calle Deichstrasse, 21 y como os podéis imaginar la base de todos, y cuando decimos todos, son todos realmente, sus platos es este tubérculo. Desde las entradas a los postres, todo lo que veáis en su extensa carta contiene patata. La noche en la que estuvimos disfrutamos de varios platos sabrosísimos a base de patata acompañada con carne, salchichas y otros complementos, dejando para el final una tarta de patata que superó con creces nuestro escepticismo.



Además de que la comida está muy buena, el ambiente acompaña. Todo está decorado al estilo campestre, con mesas de madera gruesa, aperos de labranza colgados en las paredes, abundancia de flores y plantas... En fin para darse un capricho antes de la final a precios realmente asequibles, ya que pocos platos superaban los 10 euros. Es lo bueno que tiene la patata, que no es muy cara. Ah, lo único que me temo es que de tortilla de patatas, nada de nada, habrá que exportarla.

miércoles, 21 de abril de 2010

La postal del Lago Bled


Eslovenia puede ser considerada la gran desconocida de Europa y en su pequeño territorio cuenta con unos atractivos turísticos realmente espectaculares. Desde playas a montañas y ciudades con encanto, la ex república yugoslava es un destino muy recomendable. En esta ocasión nos centraremos en una zona próxima a la vecina Austria, que destaca por su singular belleza: el lago Bled. Este idílico paraje, algo afectado por la excesiva construcción realizada en uno de sus márgenes, presenta un aspecto de postal. Si esquivamos la zona donde se amontonan los hoteles, restaurantes y casinos, la imagen del lago con su iglesia barroca de la Asunción en el centro dibuja una bellísima estampa, fotografía de más de un reportaje dedicado a este joven país.



Llegamos a este lugar después de un largo periplo en coche que nos llevó desde Venecia hasta Dubrovnik, realizando las convenientes paradas en Trieste, Portoroz, Split, Sibenik y diversas localidades croatas más, y posteriormente a Zagreb y Ljubliana, con sus respectivos altos en el camino también. Después de unos cuantos días disfrutando de la maravillosa zona, arribábamos a un paraje en el que puedes descansar y disfrutar de una naturaleza pura (y aún más unos kilómetros hacia el oeste en el cercano lago de Bohinj dentro del Parque de Triglav) como nos habían recomendado un par de compañeros de trabajo enamorados de esta zona.

Tras encontrar un lugar en el que dormir y desayunar, dimos una vuelta de reconocimiento y pronto optamos por descansar. Pese a la multitud de hoteles y restaurantes tampoco era plan de gastar fuerzas en banalidades. Así que recuperados de la paliza automovilística iniciamos al siguiente día la excursión por el lugar. Ascensión al castillo, donde pudimos beneficiarnos del carnet de prensa para ahorrarnos la entrada y disfrutar de unas maravillosas vistas del lago. Sensacionales, sin duda.



Después del descenso, decidimos visitar el islote que, situado en el centro, hace famosas las imágenes de este lago. Así que cogimos una barca de las muchas que esperan la llegada de turistas y nos dirigimos al lugar, donde puedes ver la citada iglesa, la casa del Preboste y la del Capellán. Bueno, más curioso el trayecto por el lago que la visita en sí, pero agradable.

Y para finalizar la inspección al lugar, un paseo por los márgenes del lago para estirar piernas y disfrutar de la tranquilidad del paraje. Un día muy bueno para desengrasar y recuperar fuerzas. Una zona muy recomendable para los amigos de la naturaleza y que permite realizar rutas y caminatas por el cercano parque de Triglav, del que en otro post trataremos con más tranquilidad.


Ahí os dejamos un pequeño album del lago:
La postal del Lago Bled

jueves, 15 de abril de 2010

Viajar gratis a la Estatua de la Libertad


La primera vez que visitamos Nueva York no nos perdimos la excursión a la Estatua de la Libertad. Es muy recomendable porque, aparte de verla desde su base, incluye una visita a Ellis Island, un lugar tremendamente interesante por su carga histórica y emocional, ya que era donde llegaban los emigrantes procedentes de Europa. Evidentemente te pegan un buen sablazo y lleva una mañana entera, así que si no andas bien de pasta o de tiempo, hay una buena forma de ver la Estatua desde cerca: el ferry de Staten Island.



Desde Battery Park, en el extremo sur de Manhattan, se puede coger este ferry GRATUITO que enlaza con St. George en la isla de Staten. Un trayecto de una media hora en el que se pueden disfrutar unas imágenes espectaculares tanto de la Estatua de la Libertad como de Manhattan. Unos 20 millones de personas utilizan este ferry al año, de los cuales un buen porcentaje son turistas que aprovechan el servicio gratuito para ver uno de los grandes iconos de NYC.



Nada más salir desde Whitehall te das cuenta de que el tráfico en el agua es igual que el que pueda haber en las calles de la Gran Manzana. Enormes buques contenedores, watertaxis, lanchas, ferrys... Pero lo mejor es que te permite lanzar cientos de fotos a la Estatua desde lejos, desde frente, desde cerca... En el álbum que adjuntamos podéis ver varios ejemplos.



Pero en este viaje no sólo puedes disfrutar de las vistas de la Estatua, ya que el trayecto de regreso también permite realizar unas instantáneas espectaculares del sur de Manhattan. Así que el viaje sale bien por el precio y por lo que puedes observar y en tan sólo una hora y media como mucho. Qué más se puede pedir.



Ahí os dejamos un álbum del viaje:
Viajar gratis a la Estatua de la Libertad

viernes, 9 de abril de 2010

Caminando por la Gran Muralla China



La majestuosidad de la Gran Muralla China te deja sobrecogido. Pensar que el hombre ha sido capaz de construir una muralla de casi 9.000 kilómetros de longitud por encima de colinas, valles y montañas resulta muy difícil de asumir. Cierto que cuando visitas esta maravilla de la Humanidad (resultó elegida, como no podía ser de otra manera, como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno) sólo ves una parte, y la mejor conservada, en la zona de Badaling, a unos 80 kilómetros de Beijing. Pero te basta para dejar volar la imaginación y soñar cómo será el recorrido de esos más de 8.800 kilómetros de muralla defensiva.



Pero volviendo a la realidad, la visita al tramo de Badaling es una excursión turística pura y dura. A pesar de que esto es China, las atracciones para los visitantes no difieren mucho de las de otros países en teoría más occidentalizados. Aunque te imagines a soldados chinos de la dinastía Qin, Ming o Han haciendo guardia en la barrera arquitectónica, cuando llegas y ves las hordas de turistas, los puestos de souvenirs e imitaciones, las barracas de comidas y demás shows que rodean los accesos a la muralla, te das cuenta de que hace tiempo que el glamour desapareció de estos lares. Soldados hay, pero sólo dan algo de colorido a la atracción.



Si consigues abstraerte de los cientos de visitantes que suben, bajan, se fotografían, hacen el payaso y todo lo que se te pueda ocurrir, el lugar es fantástico. Cuando lo visitamos en 2004 una bruma similar a la que suele cubrir ciudades como Beijing y Shanghai reinaba en el lugar, concediéndole un ambiente aún más especial. Accedías a la muralla tras superar montones de puestos en los que era difícil no caer en la tentación (nos trajimos dos North Face por 40 euros que nos han dado un servicio que ni te quiero contar). Una vez en la explanada de entrada, la guía nos dio los tickets y a disfrutar de esta maravilla.



Tras esquivar a varios domingueros, llegamos a la calzada de la muralla. A ambos lados monte que se erguía hasta el horizonte y al fondo un sinfín de subidas y bajadas, rectas y curvas por las que caminar. Paralelo a la muralla discurría un teleférico, pero no era plan de ahorrarse la caminata, porque es de las que se disfrutan. Una buena ayuda para el que no pueda subir, aunque parezca que le quita seriedad, hay que pensar en todo el mundo. Una buena idea.



Tras varios minutos de caminar, con sus consiguientes paradas para fotos, llegas al punto más alto, poco más de mil metros sobre el nivel del mar, y ahí hay un puesto donde te sacan la típica foto que acredita que has visitado The Great Wall, te sellan pasaportes, te venden camisetas de 'Estuve en la Gran Muralla China' y no te facturan un pedazo de milagro. Pero desde ahí hay unas vistas espectaculares del conjunto. Esto no hace falta ni recomendarlo porque por algo es una de las Siete Maravillas, ¿no? Se vende sola.

jueves, 8 de abril de 2010

Durmiendo en Monument Valley


Como comentábamos en el post dedicado al vuelo sobre el Gran Cañón del Colorado, las ventajas económicas de viajar en temporada baja te permiten hacer cosas que en las épocas más veraniegas del año están prohibitivas o simplemente no están disponibles. Una de esas cosas nos sucedió también en febrero de 2007 durante nuestro viaje a Estados Unidos. Nuestra idea era realizar un circuito en forma de círculo con inicio y final en Las Vegas y una de las paradas que incluía era Monument Valley.


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A la hora de buscar alojamiento la situación era un poco complicada. Las únicas localidades cercanas al lugar, Mexican Hat y Kayenta, estaban a más de 40 kilómetros y el único establecimiento cercano al Parque Navajo era un complejo hotelero llamado Gouldings Lodge. Ya se sabe que los hoteles situados en lugares privilegiados son prácticamente inalcanzables, pero ahí es donde entra la suerte de viajar contracorriente. De los más de 200 dólares que cuesta una habitación en temporada alta y en la que hay que reservar con meses y meses de antelación, nos encontramos con que en febrero hay muchas habitaciones disponibles al bonito precio de 80 dólares. Qué más se puede pedir.



El lugar estaba situado de forma estratégica. Protegido por un montículo que recordaba a las formaciones que estábamos acostumbrados a ver en las fotos sobre este mágico lugar, se alzaban varios edificios donde no faltaba de nada. Un bloque dedicado a las habitaciones, cómodas aunque sin muchas pretensiones, otro edificio donde se encontraba el restaurante, en el que cenamos varios típicos, grasientos y deliciosos platos del lugar, una tienda de recuerdos donde picar, un enorme supermercado en el que no faltaba de nada (como suele ser habitual en Estados Unidos), un pequeño teatro donde se realizaban representaciones vaqueras y una sala de ocio en la que había conexión a Internet. No se podía pedir más sin estropear el idílico escenario.



De frente y en el horizonte se alzaban las formaciones que componen Monument Valley, un parque navajo, propiedad de los indios, que no está incluido en el National Park Pass (vamos que hay que pagarlo aparte, para que no os pille de sorpresa). Así que con esa vista en lontananza, tuvimos que hacer el esfuerzo de madrugar para ver la salida del sol. Un espectáculo que mereció la pena, la verdad.



Una vez tiradas mil fotos al horizonte y desayunados, tocaba investigar por el lugar antes de partir de excursión a Monument Valley. El complejo no podía estar más acondicionado al más puro estilo de las películas de vaqueros. Hay que explotar la gallina de los huevos de oro y ya que a John Ford le dio por venir a grabar sus películas aquí, tocaba sesión doble de John Wayne. Algo de artesanía india para completar la oferta y una diligencia para las fotos y el resultado complacía al visitante, que se iba con una sonrisa de oreja a oreja, síntoma de que había disfrutado.



Bromas aparte, lo cierto es que el lugar es idóneo para la visita a Monument Valley. Si consigues un buen precio, despertarte a tiro de piedra del parque y disfrutando de esas magníficas vistas es un regalo para el viajero. Muy recomendable.



P.D. Las cosas como son. En diciembre de 2008, casi dos años después de nuestra visita, se abrió The View, un hotel en pleno corazón de Monument Valley. Un lujo para el que quiera pagar entre 215 y 300 euros.

Ahí os dejamos un album del lugar:
Durmiendo en Monument Valley

martes, 6 de abril de 2010

Checkpoint Charlie, recuerdos del muro


A pesar de que su destrucción supuso uno de los pasos más importantes para la paz mundial, el muro sigue siendo uno de los reclamos turísticos más importantes de Berlín. Uno de los puntos más visitados de la capital de la Alemania unificada es el Checkpoint Charlie, el paso fronterizo más famoso que existía entre la República Democrática Alemana y la República Federal Alemana cuando el muro estaba en pie. Durante 45 años, desde 1945 a 1990 fue el paso de control por el que funcionarios y militares de ambos sectores tenían que cruzar obligatoriamente para cumplir con sus trabajos.


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Hay que aclarar que, aunque muchos puedan pensar que lo de Charlie viene por algún alto cargo del bando aliado o algo así, en realidad es el significado que la letra C tiene en el alfabeto fonético aeronáutico, utilizado por la OTAN (A=Alfa, B=Bravo, C=Charlie, D=Delta, T=Tango, etc; como en las películas de guerra). Así que se trata del paso fronterizo C. Pierde algo de glamour, pero sigue siendo igual de interesante.



El punto de control corrió idéntica suerte que el muro en el 90, pero diez años después las autoridades berlinesas decidieron levantar la réplica que ahora se puede visitar y fotografiar para atraer al turismo. Tan sólo el museo del muro del Checkpoint Charlie queda de aquella época tan nefasta para Alemania.


Como buen reclamo turístico, algunos figurantes recuerdan a los soldados de la época, sellan en una especie de aduana los pasaportes de los visitantes, se dejan fotografiar a cambio de unas monedas, puedes comprar las típicas postales e imanes con el lema 'You are leaving the American sector'... un buen recuerdo de lo que fue, aunque, evidentemente y gracias a Dios, bastante más artificial que por aquel entonces en el que numerosos ciudadanos del Este se jugaban la vida por pasar al otro lado.